Entre México y EE.UU. existe una estrecha y complicada relación, en la que los cambios de poder a nivel político tienen un impacto considerable.

El 20 de enero, Joe Biden tomará posesión como el 46º Presidente de los Estados Unidos de América. Su presidencia podría redefinir las relaciones económicas entre los dos vecinos norteamericanos en varios sentidos. En este contexto, para México, las oportunidades y los desafíos van de la mano.

Perspectivas de una política comercial estable

En primera instancia, las políticas comerciales restrictivas de Trump, especialmente hacia China, han jugado a favor de México. A lo largo de los últimos años, la economía mexicana se ha beneficiado de los punitivos aranceles estadounidenses sobre los productos chinos, probándose como una atractiva base manufacturera alternativa para el mercado estadounidense. La postura más diplomática que Biden ha mostrado respecto al conflicto con China podría parcialmente contrarrestar esta ventaja para México.

Sin embargo, al mismo tiempo, la victoria de Biden en las elecciones de EE.UU. promete otra ventaja considerable para México: la perspectiva de una relación comercial estable. Vale la pena recordar que en el pasado, Trump también había amenazado repetidamente a México con aranceles punitivos a fin de ejercer presión sobre el país, especialmente en la política de migración.  Bajo el gobierno de Biden, México puede esperar un acceso fiable al mercado – una seguridad importante para el segundo mayor proveedor de los EE.UU.

Energías verdes: ¿un punto de inflexión para México?

En lo que respecta a la industria energética, es particularmente evidente que las consecuencias de la victoria de Biden para México se mueven en un estrecho espectro entre el conflicto y la oportunidad.

En los últimos años, el presidente de México, López Obrador, apostó por las fuentes de energía convencionales, una postura que comparte con el actual presidente estadounidense Donald Trump. Para impulsar la economía nacional, la cual sigue dependiendo del petróleo, la política energética de López Obrador se ha enfocado en el fortalecimiento de las antiguas empresas monopólicas estatales PEMEX y CFE.

En cambio, Biden opta por la energía verde y sostenible y planea la reincorporación de los EE.UU. al acuerdo climático de París. Debido a los estrechos lazos económicos entre los dos países vecinos, la orientación “verde” de Biden también podría llevar a México a adaptar un curso más sustentable en la industria de la energía. Precisamente, México debe responder a la nueva política climática de los Estados Unidos para probarse como un proveedor competitivo y fiable, por ejemplo, en la producción de automóviles eléctricos o en la construcción de parques solares en el estado sureño de Texas.

Queda claro que tanto en términos de política comercial como de energía, la asunción del cargo por parte de Biden podría representar un importante punto de inflexión en la relación entre los Estados Unidos y México – en el caso ideal, a favor de una mayor estabilidad y sustentabilidad.

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